Romper el ciclo del mal sueño entre estudiantes de Sul Ross

Por: Libby Foster, colaboradora de Skyline 

ALPINE – Solo el 30.4% de los estudiantes de Sul Ross logra una calidad de sueño considerada normal, mientras que el 69.6% se encuentra en un rango clínicamente deficiente, según una investigación realizada en el otoño de 2025 por la estudiante atleta Ariana Escalante, utilizando el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh. 

El estudio buscó analizar cómo el sueño se relaciona con la salud mental, los hábitos de autorregulación y el rendimiento académico. Uno de los hallazgos principales fue el efecto indirecto del sueño en el éxito académico: la mala calidad del descanso afecta la somnolencia diurna y la salud mental, lo que a su vez influye en conductas como la procrastinación. Este aplazamiento de tareas termina afectando la confianza de los estudiantes en sus habilidades académicas. 

La investigación también abordó factores psicológicos, en particular la autoeficacia, es decir, la confianza que un estudiante tiene en sus propias capacidades. Los resultados indican que la procrastinación fue el predictor más fuerte de una disminución en la autoeficacia académica, la cual está directamente vinculada con el promedio de calificaciones. Además, se identificó una tendencia de género: en mujeres, la mala calidad del sueño se asocia con mayores niveles de ansiedad y síntomas depresivos. 

Ariana eligió este tema debido a su experiencia como defensora de pacientes. Durante su infancia, padeció apnea central del sueño, un trastorno en el que el cerebro no envía señales adecuadas para respirar, provocando despertares frecuentes. Señaló que su objetivo es ayudar a los estudiantes a comprender que el sueño es un pilar fundamental del bienestar integral. 

La muestra incluyó a 79 estudiantes de Sul Ross, de los cuales 19 eran atletas. Estos últimos reportaron menores niveles de procrastinación, lo que Ariana atribuye a la necesidad de administrar su tiempo de manera estricta. “Los atletas no tienen tiempo para procrastinar debido a sus agendas exigentes; cuando tienen oportunidad, el trabajo simplemente debe hacerse”, explicó. 

Sin embargo, los atletas no están exentos de problemas de sueño. La propia Ariana destacó que los entrenamientos nocturnos, de 6 a 8 p.m., seguidos de sesiones matutinas, dificultan el descanso. Esto es relevante, ya que investigaciones señalan que la actividad física intensa tres o cuatro horas antes de dormir puede alterar los ciclos del sueño. 

El estudio también comparó a estudiantes que viven dentro del campus, fuera de él y quienes se trasladan diariamente. Los residentes en campus presentaron menores niveles de procrastinación, probablemente debido a la estructura y el acceso a servicios de apoyo. En contraste, quienes viven fuera o se trasladan tienden a procrastinar más, debido a responsabilidades adicionales como el trabajo y las dificultades para acceder a recursos universitarios. 

Uno de los hallazgos más preocupantes es que el 40% de los participantes reportó síntomas claros de insomnio, tardando más de 30 minutos en conciliar el sueño al menos dos veces por semana. Ariana sugiere que muchos de estos problemas podrían derivarse de la falta de conocimiento sobre hábitos adecuados de sueño. 

Para mejorar el descanso, la Fundación Nacional del Sueño recomienda cinco prácticas: establecer una rutina relajante antes de dormir, mantener horarios constantes incluso los fines de semana, hacer ejercicio regularmente, apagar dispositivos electrónicos antes de acostarse y priorizar las horas de sueño recomendadas. 

En conjunto, la investigación de Ariana representa una clara llamada de atención para la comunidad estudiantil de Sul Ross. Si cumplir con las fechas límite se vuelve un desafío, tal vez lo primero que deba revisarse no sea la agenda, sino la calidad del sueño. 

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