OPINIÓN: Urge una legislación nacional sobre inteligencia artificial
Por: Maya Tinajero, editora de Skyline
Traducido por: Gloria Delgado Gonzalez, traductora de Skyline
ALPINE – Una comunidad tecnológica dedicada a la inteligencia artificial sufre un ataque informático. El responsable, cuya identidad se desconoce, escapa de un entorno de pruebas, roba datos y realiza otras actividades no autorizadas durante varios días. Después de que la empresa alerta al FBI, se descubre que los responsables son agentes de inteligencia artificial. Al leer esto, quizá te preguntes de qué película de ciencia ficción saqué esta entrada. La verdad es que esta historia no es inventada: ocurrió el verano pasado en una empresa llamada Hugging Face.
El llamado “incidente de Hugging Face” ha abierto una conversación muy necesaria sobre la evolución de la inteligencia artificial y nuestra manera de gestionarla, o, mejor dicho, nuestra falta de control sobre ella.
Según PBS News, los agentes de inteligencia artificial son sistemas informáticos capaces de completar tareas por cuenta propia siguiendo instrucciones humanas. A diferencia de un chatbot que se limita a responder mensajes, estos agentes pueden ejecutar acciones sin supervisión constante. Se les puede dar acceso a contraseñas personales e internet para realizar tareas como resumir correos electrónicos o organizar reuniones.
En otro caso, divulgado en agosto de este año, un agente vulneró el sistema de un gimnasio después de que un usuario le pidiera reservar un lugar en una clase matutina. El agente descubrió una falla en el programa y logró reservar con meses de anticipación, más allá de lo permitido por el gimnasio. Después, cuando el usuario preguntó si podía adelantarlo en la lista de espera, el agente llegó a eliminar a otra persona de esa lista.
Estos son apenas dos ejemplos entre muchos. Según informó ABC, investigadores independientes han encontrado que la duración de las tareas que una IA puede completar de manera autónoma se ha duplicado aproximadamente cada siete meses. El estudio de METR del que procede esta estimación mide tareas informáticas y de razonamiento, toma como referencia el tiempo que necesitaría una persona y utiliza un umbral de éxito del 50 %. Por otra parte, en una encuesta publicada por la empresa de ciberseguridad SoSafe en 2025, el 87 % de los profesionales de seguridad consultados afirmó que su organización había sufrido un ciberataque con intervención de IA durante el año anterior. Estas cifras muestran la velocidad de los avances y la magnitud de los riesgos. Sin embargo, la respuesta de nuestros líderes sigue siendo insuficiente para regular esta tecnología y prevenir nuevos ataques.
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, es una de las figuras políticas más conocidas que abogan por regular la IA. El 2 de septiembre anunció una moratoria de un año sobre el uso de inteligencia artificial generativa dirigida al alumnado de las escuelas públicas, desde el nivel de educación inicial 2-K hasta octavo grado. Durante ese periodo, la ciudad estudiará los efectos de esta tecnología.
“La industria tecnológica quiere hacernos creer que la inteligencia artificial en la educación inicial no solo es inevitable, sino necesaria. Nosotros no lo vemos así”, declaró Mamdani.
El alcalde plantea preocupaciones válidas y pone sobre la mesa la dimensión humana de todo este debate. Los niños en edad escolar no son los únicos que necesitan vínculos humanos para desarrollarse; todos los necesitamos. He perdido la cuenta de cuántas veces algún compañero me ha dicho que deje que la IA “lo haga por mí”, ya sea una tarea académica, un trabajo o algo tan sencillo como diseñar un volante para un evento. La pereza y la apatía que encierra esa actitud son, francamente, repugnantes. Para ser una especie que se enorgullece de sus inventores, creadores y filósofos, parece que no tenemos ningún problema en entregar nuestra capacidad creativa a una industria tecnológica que, a cambio, agota nuestros recursos sin intención de detenerse.
En un mundo ideal, los centros de datos, los agentes de IA y los ciberataques existirían únicamente en nuestras pantallas o en las novelas de ciencia ficción, pero esta realidad ya se ha infiltrado en todos los ámbitos de la vida moderna. Para una persona con una discapacidad física, recurrir a la IA puede parecer la única opción para seguir desarrollando su arte. Se han conocido varios casos de músicos que, tras perder la capacidad de interpretar su música debido a enfermedades como el párkinson o una enfermedad de la neurona motora, han recurrido a la IA para “recuperar” sus habilidades.
Sin embargo, esa “recuperación” abre la puerta a consecuencias preocupantes, a medida que más artistas generados por IA y músicos que utilizan estas herramientas aparecen en listas como las de Billboard. En noviembre de 2025, la publicación informó que, durante seis semanas consecutivas, al menos un artista de IA había debutado cada semana en sus listas: otra racha de crecimiento para la inteligencia artificial.
Permitir que este crecimiento exponencial de la industria tecnológica continúe sin control podría tener consecuencias desastrosas para nuestra sociedad. Matt Chessen, experto técnico del Centro de Geopolítica de la Inteligencia Artificial General de RAND, advirtió a CBS News que la IA podría provocar interrupciones masivas de internet mediante ciberataques.
El presidente Donald Trump se ha pronunciado repetidamente en contra de las normas de seguridad para la IA. En septiembre, durante un almuerzo en la Casa Blanca con veinte figuras destacadas de la industria tecnológica, en su mayoría generosos donantes, pidió una “enorme autorregulación”. Esa idea de la “autorregulación” es patética y carece de seriedad, al igual que la afición del presidente por publicar videos generados con IA para atacar a sus adversarios.
La inteligencia artificial ha facilitado tantas vidas hasta extremos que adormecen el pensamiento. Las ha vuelto tan cómodas que tanto la sociedad como quienes nos gobiernan han preferido cerrar los ojos ante los riesgos muy reales que la acompañan. Para proteger a los artistas, a los estudiantes, la seguridad informática y los vínculos humanos, necesitamos una mayor supervisión gubernamental y cooperación internacional para regular esta tecnología.